Se supone que con la edad entra la sensatez, sino por otra cosa que por la experiencia de vida que nos hace aprender. Sin embargo, esta no es ley univeral, hay quienes no responden a esta suposición o quizás es que se creen más listos que nadie.
Esto me parece fue lo que pensaron Germán y Susan sesentones, el colombiano y ella americana, que vivían más que plácidamente en San Blas, a bordo de Sirena un barco de 40 pies muy bien equipado en lo que a comodidades se refiere. Por lo menos del exterior se veían muy contentos y desahogados.
Los conocimos en el año 2000 y cada vez que nos encontramos la amistad fue creciendo. La última vez fue en 2005, esta vez tenían dos barcos, Sirena y Footloose el nuevo de 60 y pico de pies, con todas las amenidades posibles y aun más. Uno no puede más que preguntarse sobre el cambio de fortuna, sin ninguna malicia pero sí con curiosidad. La explicación fue sencilla: Sirena estaba vendida y Germán había vendido su negocio en Bogotá, con esto resolvimos la duda.
En una de las tantas cenas que hicimos juntos, nos invitaron a llevar a Sirena a Florida a su nuevo dueño. Susan sería la capitana, Paul el ingeniero de mantenimiento y yo la cocinera. La justificación fue que Germán no tenía visa para entrar a Estados Unidos. La paga era atractiva y la ocasión interesante para conocer otro barco, otro capitán y otra experiencia, así que sin pensarlo mucho dijimos que si.
Por azares del destino y por muchas otras razones (Sirena no tenía todo el equipo para navegar de manera segura) pero especialmente porque los nortes habían empezado a soplar demasiado fuerte y seguido decidimos renunciar a la empresa.
Así un buen día cada uno levó su ancla y enfiló en dirección opuesta y eso fue lo último que supimos de ellos.
Cual no sería nuestra sorpesa cuando al llegar a Panamá nos enteramos que ambos estan presos en Estados Unidos por tráfico de drogas, cocaina para mayor inri.
Reflexionando al respecto me puedo explicar muchísimos detalles que en su momento pasamos por alto. Pero lo que más nos impresionó fue que nos salvamos por los pelos de una experiencia que pudo tener consecuencias muy desagradables y cambiarnos la vida, para mal por supuesto y todo en aras de la amistad. Pero consideraciones aparte, no puedo entender como dos personas maduras y con la vida resuelta sucumbieron al canto de Sirena de una empresa que tarde o temprano termina dramáticamente. Tiene que ser la ambición desmedida que obnubila el raciocinio.
jueves, 5 de junio de 2008
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